PATOLOGÍA DE LA MANO
Síndrome del túnel del carpo
Ganglión o Quiste artrosinovial
Rizartrosis
Dedo en resorte o «gatillo» (Tenosinovitis estenosante)
Enfermedad de Dupuytren
Síndrome o Tenosinovitis de De Quervain
Fractura de Colles (muñeca)
Fractura de Bennet
Fractura de escafoides
PATOLOGÍA DE HOMBRO Y CODO
Rotura del manguito rotador
Tendinitis del manguito rotador (supraespinoso) y síndrome subacromial
Epicondilitis (codo de tenista) y epitrocleitis (codo de golfista)
Bursitis olecraniana
Fractura de cabeza de húmero
Fractura de cabeza de radio
Fractura de clavícula
Luxación de codo
Luxación de hombro (Lesión de Bankart y Hill Sachs)
Luxación acromio-clavicular
Rotura distal de bíceps
Neuropatía cubital
Lesión de SLAP
PATOLOGÍA DE LA CADERA
Coxartrosis (Artrosis de cadera)
Trocanteritis
Fractura de cadera
Necrosis avascular (osteonecrosis)
Choque femoroacetabular (PINCER y CAM)
PATOLOGÍA DE RODILLA
Gonartrosis (Artrosis de rodilla)
Tendinitis de pata de ganso
Rotura de menisco
Rotura del ligamento cruzado anterior
Rotura del tendón rotuliano
Fractura de rótula
Luxación de rótula
Lesiones osteocondrales
Fractura de meseta tibial
PATOLOGÍA DEL PIE
Neuroma de Morton
Esguince de tobillo
Fractura de tobillo
Hallux valgus (juanete)
Hallux rigidus
Rotura del tendón de Aquiles
Tendinitis de Aquiles
Fascitis plantar
Metatarsalgia
Dedo en garra, en maza y martillo
Síndrome del túnel del carpo:
El síndrome del túnel del carpo es una afección muy frecuente que puede afectar hasta al 10% de la población general. Es más habitual en mujeres entre los 45 y 55 años. Se produce por la compresión del nervio mediano a su paso por la muñeca, bajo el ligamento anular. En aproximadamente el 95% de los casos no se identifica una causa concreta, aunque puede aparecer durante el embarazo, en pacientes en diálisis o como consecuencia de actividades laborales que implican movimientos repetitivos con la muñeca en flexión.
Los síntomas más característicos son el dolor nocturno y el hormigueo en el primer, segundo y tercer dedo de la mano. El diagnóstico se basa en la clínica del paciente y en la exploración física mediante maniobras específicas como Tinel, Phalen y Durkan, y se confirma con una electromiografía.
El tratamiento inicial suele ser conservador, incluyendo el uso de férulas nocturnas, modificación de hábitos, analgésicos e infiltraciones. Cuando estas medidas no son efectivas y ha transcurrido un tiempo razonable desde el inicio de los síntomas, se plantea el tratamiento quirúrgico. La intervención consiste en liberar el ligamento anular mediante una pequeña incisión en la cara palmar de la mano. Se realiza de forma ambulatoria, con anestesia local, y permite una recuperación rápida.

Ganglión o Quiste artrosinovial:
El ganglión es una tumoración benigna que aparece con frecuencia en la muñeca, tanto en la cara dorsal como en la volar, o a nivel de las vainas de los tendones. Está formado por un contenido gelatinoso y transparente. Clínicamente se manifiesta como una masa palpable, de consistencia variable (puede ser blanda o más firme), que en ocasiones produce dolor en función de las estructuras que comprima.
El diagnóstico es fundamentalmente clínico. No obstante, suele solicitarse una radiografía para valorar el estado óseo y una ecografía o resonancia magnética para confirmar el diagnóstico y definir mejor sus características.
El tratamiento puede ser inicialmente conservador, ya que en algunos casos el ganglión puede disminuir de tamaño o incluso desaparecer. También puede realizarse punción, aunque presenta una alta tasa de recidiva. El tratamiento definitivo es quirúrgico, mediante la extirpación completa de la lesión. Se trata de una intervención ambulatoria que habitualmente se realiza con anestesia regional.

Rizartrosis:
La rizartrosis es un proceso degenerativo del cartílago (artrosis) que afecta a la articulación trapeciometacarpiana, localizada en la base del pulgar. En determinadas profesiones, puede considerarse una enfermedad laboral. Su origen suele ser degenerativo, aunque también puede aparecer como consecuencia de fracturas intraarticulares previas.
El síntoma principal es el dolor, que se intensifica con la prensión, pudiendo llegar a provocar pérdida de fuerza para sujetar objetos. El diagnóstico se basa en la clínica y en la exploración física, destacando el dolor a la palpación en la base del pulgar y con maniobras de compresión de la articulación. Se confirma mediante una radiografía simple.
El tratamiento inicial es conservador, incluyendo analgésicos, el uso de ortesis, infiltraciones y fisioterapia. Cuando estas medidas no son eficaces, se plantea el tratamiento quirúrgico, que puede consistir en técnicas de interposición o en la colocación de una prótesis para sustituir la articulación.

Dedo en resorte o “gatillo”. Tenosinovitis estenosante:
El dedo en resorte, también conocido como dedo en gatillo, es una patología producida por el estrechamiento de las poleas por las que discurren los tendones flexores de la mano. Aunque es más frecuente en el pulgar, puede afectar a cualquier dedo.
Se caracteriza por dolor en la base del dedo y por un bloqueo o “chasquido” al intentar extenderlo después de haberlo flexionado. En algunos casos, el paciente necesita ayudarse con la otra mano para poder estirar completamente el dedo. El diagnóstico es clínico, basado en la exploración, sin necesidad de pruebas complementarias.
El tratamiento inicial suele ser conservador, pudiendo realizarse infiltraciones. Si no se obtiene mejoría, se recurre al tratamiento quirúrgico, que consiste en liberar la polea mediante una pequeña incisión. Es una intervención ambulatoria, realizada con anestesia local, y con una recuperación rápida.

Enfermedad de Dupuytren:
La enfermedad de Dupuytren es un proceso caracterizado por la fibrosis de la fascia palmar de la mano, de causa desconocida. Puede afectar a ambas manos y asociarse a otras entidades como la enfermedad de La Peyronie o la de Ledderhose. Esta fibrosis provoca una retracción de la aponeurosis palmar, dando lugar a la contractura progresiva de los dedos y de la palma.
El diagnóstico es fundamentalmente clínico y se basa en la exploración de la mano, sin necesidad de realizar pruebas complementarias.
En cuanto al tratamiento, inicialmente se opta por una actitud conservadora, sin intervención, hasta que la retracción compromete la funcionalidad o la calidad de vida del paciente. En ese momento, el tratamiento de elección es el quirúrgico. Este puede realizarse mediante cirugía convencional con fasciectomía abierta o mediante técnicas menos invasivas, como la infiltración de colagenasa seguida de la rotura de las cuerdas fibrosas. Ambos procedimientos se realizan de forma ambulatoria.

Síndrome o Tenosinovitis de De Quervain:
El síndrome de De Quervain es una tendinitis que afecta a los tendones abductor largo y extensor corto del pulgar a su paso por la estiloides radial, en la cara lateral de la muñeca. Su origen suele ser desconocido, aunque en algunos casos puede estar relacionado con actividades laborales repetitivas.
Se manifiesta con dolor en la muñeca, que aumenta con los movimientos del pulgar y al agarrar o presionar objetos. El diagnóstico es clínico, basado en la exploración, siendo característica la maniobra de Finkelstein. En caso de duda, puede confirmarse mediante ecografía.
El tratamiento es inicialmente conservador, incluyendo analgésicos, uso de ortesis, infiltraciones y fisioterapia. La cirugía se reserva para casos refractarios, aunque sus resultados no siempre son satisfactorios.

Fractura de Colles (muñeca):
Las fracturas de radio distal son de las más frecuentes. Suelen aparecer en personas mayores, generalmente asociadas a osteoporosis, o en pacientes jóvenes tras traumatismos de alta energía, como accidentes de tráfico o deportivos.
Habitualmente se producen tras una caída con la mano en extensión. Clínicamente se manifiestan con dolor en la muñeca y una deformidad característica en “dorso de tenedor”. En la exploración es importante valorar la integridad de los tendones, la vascularización (arterias radial y cubital) y la sensibilidad del nervio mediano. El diagnóstico se realiza mediante radiografía simple y, en algunos casos, puede ser necesario un TAC para una mejor valoración.
El tratamiento depende del grado de desplazamiento de la fractura. En las fracturas no desplazadas, suele ser suficiente la inmovilización durante aproximadamente 6 semanas. Cuando existe desplazamiento, es necesario realizar primero una reducción y posteriormente inmovilizar. En aquellos casos en los que no se consigue una adecuada reducción o se trata de fracturas inestables, se indica tratamiento quirúrgico.

Fractura de Bennet:
La fractura de Bennett es una fractura que afecta a la base del primer metacarpiano. Se considera una lesión inestable, ya que el tendón abductor del pulgar ejerce tracción sobre el fragmento óseo fracturado, favoreciendo su desplazamiento.
Clínicamente se presenta con dolor en la cara radial de la muñeca, acompañado de inflamación. El diagnóstico se realiza habitualmente mediante una radiografía simple.
Debido a su carácter inestable, el tratamiento suele ser quirúrgico, con reducción del fragmento y fijación mediante osteosíntesis estable. Posteriormente, es necesario un periodo de inmovilización para permitir la correcta consolidación.

Fractura de escafoides:
La fractura de escafoides es la más frecuente entre los huesos del carpo. Suele producirse tras un traumatismo con la mano en extensión y es más habitual en personas jóvenes. Debido a la limitada vascularización del escafoides, este tipo de fractura tiene mayor riesgo de complicaciones como la falta de consolidación (pseudoartrosis) o la necrosis ósea, lo que hace fundamental un diagnóstico y tratamiento precoces.
El diagnóstico se basa en la clínica y en las pruebas de imagen. El paciente presenta dolor en la muñeca, especialmente a la palpación en la zona del escafoides. En fases iniciales puede detectarse mediante radiografía simple, aunque en algunos casos no es visible si no existe desplazamiento. Ante una alta sospecha clínica, puede ser necesario realizar un TAC para confirmar el diagnóstico.
El tratamiento consiste en la inmovilización, generalmente incluyendo el pulgar en posición de abducción. En casos de fracturas desplazadas o inestables, puede estar indicada la cirugía mediante reducción y fijación con osteosíntesis.

Rotura del manguito:
El manguito rotador del hombro está formado por los tendones supraespinoso, infraespinoso y redondo menor, responsables de la elevación y la rotación externa del brazo, y por el subescapular, encargado de la rotación interna. Su rotura puede producirse de forma degenerativa, por desgaste o inflamación crónica asociada a tendinosis, o bien tras un traumatismo.
El síntoma principal es el dolor, que suele intensificarse durante la noche. La limitación del movimiento dependerá de si la rotura es parcial o completa. El diagnóstico se basa en la historia clínica y la exploración física, mediante maniobras específicas como Neer, Yergason o Jobe, además de pruebas de imagen. Inicialmente se realizan radiografía simple y ecografía, y en casos de sospecha de rotura completa o posible indicación quirúrgica, se solicita una resonancia magnética.
El tratamiento se individualiza según la edad, la actividad laboral y el grado de limitación funcional. En roturas completas con incapacidad para elevar el brazo o utilizarlo con normalidad, especialmente en pacientes jóvenes o activos, la cirugía suele ser la mejor opción. En roturas parciales con función conservada, el manejo es conservador, similar al de la tendinosis del manguito, incluyendo fisioterapia, ondas de choque y tratamiento analgésico. En estos casos, las infiltraciones no se recomiendan por el riesgo de aumentar el tamaño de la rotura.
Si el tratamiento conservador no es suficiente, puede indicarse cirugía artroscópica, con bursectomía y reparación del tendón. En lesiones irreparables del manguito, pueden requerirse procedimientos más complejos, como la transferencia del dorsal ancho o la implantación de una prótesis invertida.

Tendinitis del manguito rotador (supraespinoso) y síndrome subacromial:
El manguito rotador del hombro está formado por los tendones supraespinoso, infraespinoso y redondo menor. Su inflamación es la causa más frecuente de dolor en el hombro y suele aparecer en la edad adulta. Se caracteriza por dolor en la región del hombro, que en ocasiones puede irradiarse hacia el cuello, siendo típico el dolor nocturno que interfiere con el descanso, así como el dolor al elevar el brazo, especialmente alrededor de los 90 grados.
El diagnóstico es clínico, basado en la historia del paciente y la exploración física. En la exploración suele encontrarse dolor a la palpación del espacio subacromial y molestias al realizar movimientos de abducción y flexión del brazo, además de maniobras específicas positivas. Las pruebas complementarias se solicitan si el dolor persiste tras un tiempo razonable de tratamiento, comenzando con radiografía simple y ecografía. En casos resistentes o con sospecha de lesiones asociadas, se recomienda realizar una resonancia magnética.
El tratamiento inicial es conservador, con reposo relativo y analgésicos. Si no hay mejoría, se añade fisioterapia y, posteriormente, pueden emplearse ondas de choque. En casos persistentes, se pueden realizar infiltraciones, siempre que no exista una rotura del manguito, ya que podrían empeorarla. Cuando todas las medidas conservadoras fracasan, puede plantearse el tratamiento quirúrgico mediante artroscopia de hombro.

Epicondilitis y epitrocleitis:
La epicondilitis, conocida de forma coloquial como “codo de tenista”, es una de las tendinitis más frecuentes. Consiste en la inflamación de la inserción de la musculatura extensora en la parte externa del codo. Su origen suele ser desconocido, aunque puede estar relacionado con posturas mantenidas o gestos repetitivos, como el uso prolongado del ratón del ordenador.
Se manifiesta como dolor en la cara externa del codo, que puede aparecer tanto en reposo como al realizar movimientos de extensión de la muñeca. El diagnóstico es clínico, basado en la exploración, donde destaca el dolor a la palpación del epicóndilo y con maniobras de extensión de la muñeca contra resistencia. Las radiografías suelen ser normales, y el diagnóstico puede apoyarse con ecografía o resonancia magnética.
El tratamiento inicial incluye medidas conservadoras, como reposo relativo, analgésicos y el uso de ortesis para descargar la musculatura extensora. Si no hay mejoría, se puede recurrir a fisioterapia y ondas de choque. También pueden realizarse infiltraciones con corticoides en la zona de la inserción tendinosa. La cirugía es una opción poco frecuente, reservada para casos refractarios.
La epitrocleitis, o “codo de golfista”, es una patología similar, pero afecta a la inserción de la musculatura flexora en la cara interna del codo. Tanto la clínica como el tratamiento son equivalentes a los de la epicondilitis.

Bursitis olecraniana:
La bursa olecraniana es una bolsa situada en la parte posterior del codo cuya función es proteger la articulación. En ocasiones, esta bursa puede inflamarse y llenarse de líquido, e incluso llegar a infectarse. Suele aparecer por microtraumatismos repetidos, siendo frecuente en personas que apoyan habitualmente los codos sobre superficies duras, como ocurre en estudiantes.
Esta bursitis se manifiesta como una inflamación visible en el codo, generalmente blanda y móvil, que puede ser dolorosa y presentar aumento de temperatura si se infecta.
El tratamiento inicial es conservador, con el uso de una codera compresiva, analgésicos y observación, ya que en muchos casos se resuelve de forma espontánea. Si existe infección, es necesario añadir antibióticos. En casos persistentes, puede realizarse la evacuación del contenido, aunque presenta una alta tasa de recidiva. Cuando no mejora con estas medidas, el tratamiento definitivo es quirúrgico mediante la extirpación de la bursa.

Fractura de cabeza de húmero:
La fractura de la cabeza del húmero es una lesión frecuente en personas mayores, en gran parte debido a la osteoporosis. En pacientes jóvenes suele producirse tras traumatismos de alta energía, como accidentes o caídas importantes.
Se manifiesta con dolor, inflamación y deformidad en el hombro. Es habitual la aparición de hematomas, que en algunos casos pueden extenderse hacia la axila y el costado, lo que se conoce como hematoma de Hennequin.
El diagnóstico se basa en la clínica y la exploración física, confirmándose mediante radiografía simple. En situaciones más complejas o cuando se plantea tratamiento quirúrgico, puede ser necesario realizar un TAC.
El tratamiento depende del tipo de fractura y de la edad del paciente. En fracturas no desplazadas o con mínimo desplazamiento, el manejo suele ser conservador, mediante inmovilización con cabestrillo seguida de rehabilitación. En fracturas desplazadas o con múltiples fragmentos, está indicado el tratamiento quirúrgico, mediante osteosíntesis o, en algunos casos, la implantación de una prótesis de hombro.


Fractura de cabeza de radio:
La fractura de la cabeza del radio es una lesión frecuente en el codo. Suele producirse tras un traumatismo indirecto, habitualmente con el brazo en extensión. Se manifiesta con dolor en la cara externa del codo, que aumenta especialmente con los movimientos de pronación y supinación.
El diagnóstico se confirma mediante radiografía simple, aunque en fracturas con escaso o nulo desplazamiento puede pasar desapercibida. En estos casos, si la sospecha clínica es alta, puede ser necesario realizar un TAC.
El tratamiento depende del grado de desplazamiento. En fracturas no desplazadas o mínimamente desplazadas, se recomienda un periodo breve de inmovilización con cabestrillo, férula u ortesis, seguido de rehabilitación. En fracturas desplazadas o inestables, puede ser necesario el tratamiento quirúrgico, que puede consistir en osteosíntesis, resección de la cabeza radial o implantación de una prótesis, según cada caso.

Fractura de clavícula:
La fractura de clavícula es una lesión muy frecuente, siendo especialmente habitual en el recién nacido. En adultos suele producirse por un mecanismo indirecto, como caídas con el brazo en extensión o impactos directos sobre el hombro, siendo típica en deportes como el ciclismo o el motociclismo.
Se manifiesta con dolor en la zona, inflamación y aparición de hematoma. En la exploración es frecuente palpar los extremos óseos, que pueden presentar movilidad y crepitación. El diagnóstico se confirma mediante una radiografía simple.
Tradicionalmente, el tratamiento ha sido conservador, utilizando una ortesis en ocho. Sin embargo, en pacientes deportistas, personas con alta demanda funcional o en casos con importante desplazamiento, puede valorarse el tratamiento quirúrgico, ya que permite una recuperación más rápida.

Luxación de codo:
La luxación de codo, generalmente de tipo posterior, es la más frecuente y consiste en la pérdida de congruencia entre el húmero y los huesos del antebrazo (radio y cúbito). Suele producirse tras un traumatismo de alta energía con el brazo en extensión.
Clínicamente se presenta de forma inmediata con dolor intenso, deformidad visible del codo e incapacidad para realizar movimientos de flexión y extensión. Es importante valorar la posible afectación de estructuras nerviosas que atraviesan la zona, como el nervio cubital, radial o mediano. El diagnóstico se basa en la clínica y se confirma mediante radiografía simple. Además, es fundamental descartar lesiones asociadas, como fracturas de la cabeza del radio o de la apófisis coronoides del cúbito, tanto antes como después de la reducción.
El tratamiento inicial consiste en la reducción de la luxación y la valoración de la estabilidad del codo. Posteriormente, se realiza un control radiográfico para confirmar la correcta recolocación. Se recomienda una inmovilización breve para evitar rigidez, seguida de rehabilitación.
En los casos en los que persiste inestabilidad o existen lesiones asociadas, como fracturas o daño ligamentoso, puede ser necesario el tratamiento quirúrgico.

Luxación de hombro. Lesión de Bankart y Hill Sachs:
La luxación de hombro es la más frecuente dentro del aparato locomotor. Consiste en la pérdida de contacto entre la cabeza del húmero y la cavidad glenoidea, es decir, la salida del húmero de la articulación. La forma más habitual es la luxación anterior, que suele producirse tras un traumatismo con el brazo en extensión mediante un mecanismo indirecto. Puede asociarse a lesiones como la de Bankart (rotura de la cápsula articular en su inserción glenoidea anterior) o la lesión de Hill-Sachs (impactación ósea en la cabeza humeral al chocar contra la glenoides).
Clínicamente se presenta con dolor intenso, incapacidad para mover el hombro y una deformidad característica conocida como “hombro en charretera”. El diagnóstico es clínico y se confirma con una radiografía simple.
El tratamiento inicial consiste en la reducción de la luxación mediante diferentes maniobras. Posteriormente, se realiza una radiografía de control para comprobar la correcta reducción y descartar lesiones asociadas. Se recomienda un breve periodo de inmovilización con cabestrillo, seguido de rehabilitación.
En algunos casos, debido a lesiones asociadas como Bankart o Hill-Sachs, pueden aparecer luxaciones de repetición incluso con movimientos cotidianos. Ante esta inestabilidad, puede estar indicada la cirugía, habitualmente mediante técnicas artroscópicas.

Luxación acromio-clavicular:
La luxación acromioclavicular es la pérdida de congruencia entre la clavícula y el acromion. Suele producirse tras un traumatismo con el brazo en extensión mediante un mecanismo indirecto. En este proceso se lesionan inicialmente los ligamentos acromioclaviculares y la cápsula articular, y si el traumatismo es mayor, también pueden afectarse los ligamentos coracoclaviculares (conoide y trapezoide). Es una lesión frecuente en pacientes jóvenes y en deportistas.
El diagnóstico es clínico, destacando el dolor a la palpación de la articulación y la posible presencia del “signo de la tecla”. Se confirma mediante radiografía simple, que en algunos casos se realiza con peso en el brazo para evidenciar mejor el grado de desplazamiento.
El tratamiento depende del grado de la lesión, la edad y la actividad del paciente. En casos sin desplazamiento o en pacientes con baja demanda funcional, el tratamiento es conservador. En lesiones con desplazamiento significativo, especialmente en deportistas o personas con alta exigencia física, se recomienda el tratamiento quirúrgico mediante reconstrucción ligamentosa.

Rotura distal de bíceps:
La rotura distal del bíceps consiste en la desinserción del tendón en su inserción sobre el radio. Suele producirse tras un esfuerzo brusco, siendo más frecuente en personas que practican musculación, aunque su incidencia global es baja.
En pacientes activos y deportistas, el tratamiento de elección es quirúrgico, mediante la reinserción del tendón en el hueso.

Neuropatía cubital:
La neuropatía del nervio cubital es una afección producida por la compresión de este nervio a lo largo de su recorrido. Puede localizarse a nivel del codo, en el canal cubital, o en la muñeca, en el canal de Guyon. Aunque en muchos casos la causa es desconocida, también puede estar relacionada con fracturas, masas o lesiones que compriman el nervio.
Se manifiesta con dolor en el brazo, que puede intensificarse por la noche, junto con hormigueo o disminución de la sensibilidad en el territorio del nervio cubital, especialmente en la cara interna del antebrazo y en el cuarto y quinto dedos de la mano.
El diagnóstico es clínico, apoyado en la exploración física mediante maniobras específicas, y se confirma mediante un estudio de electromiografía.
El tratamiento inicial suele ser conservador, con analgésicos, medidas posturales y uso de ortesis. En casos avanzados o cuando no hay respuesta al tratamiento, está indicada la cirugía de liberación del nervio.

Lesión de slap:
La cavidad glenoidea contribuye a la estabilidad del hombro gracias a un anillo de fibrocartílago denominado labrum. Cuando se produce una lesión en su parte superior, en la zona donde se inserta la porción larga del bíceps, se denomina lesión SLAP. Es una lesión poco evidente desde el punto de vista clínico y se asocia con frecuencia a la práctica deportiva, especialmente en deportes de lanzamiento.
Los síntomas no siempre son claros, aunque lo más habitual es la aparición de dolor con la elevación del brazo y durante los gestos de lanzamiento. El diagnóstico se basa en la historia clínica y la exploración física, pero en muchos casos se apoya en pruebas de imagen. La resonancia magnética convencional puede no detectar la lesión, siendo más útil la artro-resonancia.
El tratamiento depende del tipo de lesión, la edad del paciente y su nivel de actividad. Puede ser conservador, con reposo, fisioterapia y tratamiento analgésico, o quirúrgico en los casos necesarios, mediante artroscopia de hombro.

Coxartrosis:
La artrosis de cadera es una enfermedad degenerativa que consiste en el desgaste del cartílago articular, acompañado de la formación de osteofitos y deformación de la articulación entre el fémur y la pelvis.
Síntomas y signos:
- Sensación de molestia y rigidez en la zona de la ingle
- Dolor en la ingle que puede irradiarse a la cara interna del muslo
- En fases avanzadas, dolor nocturno y dificultad para flexionar la pierna
- Atrofia de la musculatura que rodea la articulación
- Aparición de contracturas musculares secundarias a deformidades óseas
- Disminución de la movilidad de la cadera
Pruebas diagnósticas:
El diagnóstico es principalmente clínico, basado en la limitación dolorosa de los movimientos de la cadera, y radiológico, donde se observa el estrechamiento del espacio articular (pinzamiento) y la presencia de osteofitos. Las pruebas complementarias, como el artro-TAC o la resonancia magnética, se reservan para casos en los que existen dudas diagnósticas.
Tratamiento:
- Tratamiento farmacológico con antiinflamatorios según indicación médica
- Pérdida de peso en caso necesario
- Fisioterapia enfocada en mejorar la movilidad y fortalecer la musculatura
- En los casos más avanzados, puede ser necesario el tratamiento quirúrgico:
Artroscopia: indicada en fases iniciales y en pacientes jóvenes
Osteotomía: en artrosis asociada a deformidades, especialmente en pacientes jóvenes
Prótesis de cadera: tratamiento quirúrgico de elección en fases avanzadas.


Trocanteritis:
La trocanteritis es la inflamación de la bursa situada alrededor del trocánter mayor de la cadera. Es más frecuente en mujeres y, en muchos casos, no se identifica una causa clara. Su incidencia se estima en aproximadamente 6 casos por cada 1.000 personas al año.
Se manifiesta con dolor en la cara lateral de la cadera, en la región glútea, que puede irradiarse por la cara externa del muslo hasta la rodilla. Puede provocar dolor nocturno y, en algunos casos, alterar la marcha, produciendo cojera. El diagnóstico es clínico, destacando el dolor localizado a la palpación directa sobre el trocánter, y puede confirmarse mediante ecografía.
El tratamiento es inicialmente conservador, con analgésicos y ejercicios. Si no hay mejoría, pueden añadirse fisioterapia, ondas de choque o infiltraciones, que suelen ser efectivas.

Fractura de cadera:
La fractura de cadera es una lesión que afecta al tercio proximal del fémur, en su articulación con la pelvis. Es muy frecuente en personas mayores y representa un importante problema de salud por su elevado impacto sociosanitario. En pacientes jóvenes es poco habitual y suele asociarse a traumatismos de alta energía. Es más frecuente en mujeres, con una proporción aproximada de 4:1. Además, conlleva una alta morbimortalidad, con tasas de mortalidad cercanas al 30% y con alrededor del 50% de los pacientes sin recuperar su nivel funcional previo.
Las fracturas de cadera se clasifican en intracapsulares (subcapitales) y extracapsulares (pertrocantéreas), siendo fundamental diferenciarlas, ya que el tratamiento es distinto en cada caso.
La mejor estrategia en pacientes ancianos es la prevención, mediante medidas higiénico-dietéticas, sociales y de seguridad. Una vez producida la fractura, el tratamiento suele ser quirúrgico.
En las fracturas intracapsulares, las opciones van desde la fijación con tornillos hasta la implantación de prótesis. En las extracapsulares, el tratamiento más habitual es la osteosíntesis con clavos. Tras la cirugía, es fundamental iniciar la movilización precoz siempre que la estabilidad lo permita, con el objetivo de reducir complicaciones derivadas del encamamiento.

Necrosis avascular:
La necrosis avascular, también llamada osteonecrosis, es la muerte del tejido óseo debido a la falta de riego sanguíneo. Como consecuencia, pueden aparecer pequeñas fracturas que, con el tiempo, pueden provocar el colapso del hueso. Se ha relacionado con el uso prolongado de corticoides a dosis altas y con el consumo excesivo de alcohol.
Síntomas y signos:
Dolor de intensidad variable, que suele instaurarse de forma progresiva. El dolor suele localizarse en la ingle, aunque también puede irradiarse al muslo o al glúteo.
Pruebas diagnósticas:
Las técnicas de imagen permiten confirmar el diagnóstico y valorar la extensión de la lesión:
- Radiografía: útil en fases avanzadas
- Gammagrafía ósea: puede ayudar en estadios iniciales
- Resonancia magnética: es la prueba de elección para el diagnóstico precoz
Tratamiento:
El manejo inicial puede incluir:
- Antiinflamatorios
- Fármacos para la osteoporosis
- Tratamiento para el control del colesterol
- Reposo relativo y ejercicios adaptados
- Técnicas como la estimulación eléctrica
En fases más avanzadas o cuando no hay mejoría, puede ser necesario el tratamiento quirúrgico:
- Descompresión del núcleo
- Injerto óseo
- Osteotomía
- Prótesis articular
- Terapias de medicina regenerativa


Choque femoroacetabular:
El pinzamiento femoroacetabular puede presentarse en dos formas principales:
- El tipo PINCER se produce por un sobrecrecimiento del borde del acetábulo, que actúa como una especie de “techo” que cubre en exceso la cabeza del fémur. Esto provoca un roce anómalo durante los movimientos de flexión y rotación de la cadera, que puede dañar el labrum acetabular y, con el tiempo, el cartílago de la articulación.
- El tipo CAM se caracteriza por la presencia de una prominencia ósea o “giba” en la unión entre la cabeza y el cuello del fémur. Durante los movimientos de la cadera, esta irregularidad impacta contra el acetábulo y el labrum, favoreciendo su lesión y el desgaste progresivo del cartílago.
Síntomas y signos:
Suele manifestarse con dolor en la ingle, de tipo mecánico, que aparece tras la actividad física o determinados esfuerzos, aunque a veces no hay un desencadenante claro. El dolor puede localizarse en la región inguinal o en la cara anterior del muslo, durante o después del ejercicio, tras viajes prolongados o al levantarse después de estar sentado durante un tiempo.
Pruebas diagnósticas:
La artro-resonancia magnética es la prueba de elección para evaluar el estado del labrum y del cartílago articular. Para realizarla, se inyecta previamente un contraste (gadolinio) dentro de la articulación y posteriormente se realiza la resonancia.
Tratamiento:
El tratamiento inicial es conservador, con antiinflamatorios y un programa de fisioterapia orientado a corregir los movimientos que provocan el pinzamiento y a aliviar el dolor.
- También puede plantearse la infiltración intraarticular, que en muchos casos reduce el dolor de forma temporal o prolongada.
- Cuando el tratamiento conservador no es suficiente, se puede indicar tratamiento quirúrgico mediante artroscopia de cadera.

Gonartrosis:
La artrosis de rodilla es una enfermedad degenerativa que afecta a la articulación entre el fémur y la tibia. Se caracteriza por el desgaste del cartílago articular, la aparición de osteofitos y la deformación progresiva de la articulación.
Signos y síntomas:
- Dificultad para caminar como antes
- Cojera asociada a dolor
- Disminución de la capacidad funcional
- Sensación de inestabilidad
- Inflamación de la rodilla
- Chasquidos o crepitación al mover la articulación
Pruebas diagnósticas:
El diagnóstico se realiza principalmente mediante radiografía. Las pruebas complementarias, como la ecografía o la resonancia magnética, no suelen ser necesarias de forma habitual.
Tratamiento:
- Analgésicos según indicación médica
- Pérdida de peso si es necesario
- Evitar actividades que aumenten el dolor, como correr
- Fisioterapia orientada a fortalecer la musculatura, mejorar la flexibilidad y la coordinación
En los casos más avanzados, cuando el tratamiento conservador no es suficiente, puede ser necesario el tratamiento quirúrgico mediante la implantación de una prótesis de rodilla.


Tendinitis de pata de ganso:
La tendinopatía de la pata de ganso es la inflamación de los tendones que se insertan en la cara interna de la rodilla, principalmente el semitendinoso, semimembranoso y el grácil.
Síntomas y signos:
Se manifiesta como dolor en la cara interna de la rodilla. Suele aparecer tras un aumento brusco de la actividad deportiva o por alteraciones biomecánicas, como desequilibrios musculares o disfunciones a nivel lumbopélvico.
Pruebas diagnósticas:
La resonancia magnética es la prueba más útil para confirmar el diagnóstico, aunque la ecografía también puede ser de ayuda.
Tratamiento:
El manejo es fundamentalmente conservador, reservando la cirugía para casos excepcionales. Entre las opciones terapéuticas se incluyen:
- Analgésicos
- Ultrasonidos
- Estiramientos progresivos
- Crioterapia o termoterapia según indicación
- Masoterapia
- Electroterapia
- Vendaje neuromuscular
- Ondas de choque
- Infiltraciones

Rotura de menisco:
La rotura de menisco es una lesión que afecta a la estructura situada entre el fémur y la tibia, cuya función es amortiguar las cargas en la rodilla. Puede producirse al realizar un giro brusco con la rodilla soportando el peso del cuerpo, siendo una de las lesiones más frecuentes de esta articulación.
Clínicamente, suele manifestarse con un chasquido en el momento de la lesión acompañado de dolor en la zona meniscal. Es habitual la aparición de inflamación, que puede ser más o menos intensa, así como la sensación de bloqueo de la articulación. El dolor se acentúa con los movimientos de flexión y extensión, especialmente en los últimos grados, y puede asociarse a derrame articular.
El diagnóstico se confirma mediante resonancia magnética, que es la prueba de imagen más adecuada para detectar este tipo de lesiones.
El tratamiento suele iniciarse de forma conservadora, en función del tipo, tamaño y localización de la rotura, así como de la edad y el nivel de actividad del paciente. Sin embargo, en muchos casos es necesario recurrir al tratamiento quirúrgico. Cuando la rotura es reparable, se realiza una sutura del menisco; en caso contrario, se lleva a cabo una resección parcial mediante cirugía artroscópica, utilizando pequeñas incisiones.

Rotura del ligamento cruzado anterior:
Se trata de la rotura del ligamento cruzado anterior, una de las principales estructuras estabilizadoras de la rodilla, que se extiende desde la espina tibial anterior hasta el cóndilo femoral externo. Esta lesión puede producirse tras un traumatismo directo de alta energía, aunque lo más frecuente es que ocurra sin contacto directo, durante movimientos de rotación y extensión forzada. Es típica en actividades deportivas, como la carrera o el salto, al realizar frenadas o cambios bruscos de dirección con el pie fijo en el suelo, lo que genera una torsión o valgo de la rodilla.
Clínicamente, el paciente suele notar un chasquido en el momento de la lesión, seguido de dolor, incapacidad funcional, cojera y dificultad para apoyar la pierna. Es frecuente la aparición rápida de inflamación articular con derrame sanguinolento (hemartros). El síntoma más característico a medio plazo es la sensación de inestabilidad o fallo de la rodilla.
El diagnóstico se confirma mediante resonancia magnética, que es la prueba de elección.
El tratamiento depende del grado de inestabilidad y de las características del paciente. En algunos casos, si no existe inestabilidad, puede optarse por un tratamiento conservador basado en rehabilitación y fortalecimiento muscular. Sin embargo, en pacientes con inestabilidad o con alta demanda funcional, suele indicarse tratamiento quirúrgico, generalmente mediante técnicas artroscópicas.

Rotura del tendón rotuliano:
La rotura del tendón rotuliano es una lesión que afecta al tendón que conecta la rótula con la tuberosidad anterior de la tibia, fundamental para la extensión de la rodilla.
Clínicamente se presenta con un dolor intenso, brusco e incapacitante, que en ocasiones se acompaña de un chasquido en el momento de la lesión.
El diagnóstico se confirma mediante pruebas de imagen como la resonancia magnética o la ecografía.
El tratamiento es fundamentalmente quirúrgico, siendo la opción más indicada en la mayoría de los casos. La técnica habitual consiste en una reparación abierta, que ofrece mejores resultados para recuperar el nivel previo de actividad. Generalmente, la rotura se localiza cerca de la inserción ósea, por lo que se realiza el reanclaje del tendón al polo inferior de la rótula, reforzando la zona. En casos con degeneración importante del tendón, puede ser necesario utilizar injertos o plastias, empleando tendones cercanos como el semitendinoso.

Fractura de rótula:
La fractura de rótula es una lesión relativamente frecuente, que representa aproximadamente el 1% de todas las fracturas del esqueleto. Suele aparecer entre los 20 y 50 años y es más habitual en varones. Puede producirse por un traumatismo directo sobre la rodilla o por un mecanismo indirecto de alta energía.
Desde el punto de vista clínico, el paciente presenta dolor e inflamación en la rodilla. La capacidad para extender la pierna dependerá de si el mecanismo extensor está afectado o no.
El diagnóstico se basa en la exploración clínica y se confirma mediante radiografía simple.


Luxación de rótula:
La luxación de rótula consiste en el desplazamiento de la rótula fuera de su posición normal en la articulación. Puede producirse por un traumatismo o por factores predisponentes como la hiperlaxitud de las estructuras estabilizadoras, entre ellas el tendón del cuádriceps, el ligamento rotuliano y, especialmente, el ligamento patelofemoral.
Se manifiesta con inflamación de la rodilla, dolor intenso alrededor de la rótula, limitación de la movilidad y, en ocasiones, deformidad visible por el desplazamiento de la rótula. También puede aparecer sensación de inestabilidad e incapacidad para extender la rodilla.
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la exploración, y puede confirmarse mediante una radiografía simple.
El tratamiento inicial, especialmente tras un primer episodio, suele ser conservador. Sin embargo, en casos de luxaciones recidivantes, el tratamiento suele ser quirúrgico. Esto se debe a la lesión del ligamento patelofemoral, principal estabilizador de la rótula en los primeros grados de extensión. Las técnicas quirúrgicas pueden agruparse en procedimientos de realineación distal del aparato extensor o en técnicas de realineación proximal, según cada caso.

Lesiones osteocondrales:
El cartílago hialino de la rodilla y de otras articulaciones es un tejido avascular, de superficie lisa y brillante, que recubre el hueso subcondral. Posee unas propiedades fisicoquímicas específicas que le permiten soportar y distribuir las cargas, facilitando el movimiento articular con un bajo nivel de fricción y desgaste.
Se trata de una estructura con escasa capacidad de regeneración, debido a su falta de vascularización y a su organización celular, diseñada principalmente para resistir las demandas mecánicas de la articulación.
El cartílago está sometido a múltiples agresiones y, como consecuencia de diferentes mecanismos lesionales, pueden aparecer diversas patologías, como lesiones osteocondrales, osteocondritis disecante o artrosis.
Los defectos osteocondrales son relativamente frecuentes, especialmente en el ámbito deportivo, afectando a personas jóvenes y activas. Las alteraciones en la superficie articular pueden favorecer el desarrollo de una artrosis secundaria, con el consiguiente impacto funcional, económico y social.
Debido a su limitada capacidad de reparación, se han desarrollado distintos enfoques terapéuticos dirigidos a mejorar la regeneración del cartílago. Estos incluyen técnicas de estimulación de la reparación, sustitución del tejido mediante injertos y, más recientemente, estrategias de medicina regenerativa basadas en el uso de células madre.

Fractura de meseta tibial:
La meseta tibial es la superficie superior de la tibia a nivel de la rodilla, correspondiente a la metáfisis proximal. Las fracturas en esta localización representan aproximadamente el 2% del total de fracturas, siendo la meseta tibial externa la más frecuentemente afectada. Suelen producirse por traumatismos de alta energía en pacientes jóvenes, como en accidentes de tráfico, y por traumatismos de menor intensidad en personas mayores, generalmente en relación con la osteoporosis.
Clínicamente, el paciente presenta antecedente traumático, con dolor, inflamación de la rodilla e incapacidad funcional. El diagnóstico se basa en la exploración clínica y la radiografía simple, aunque en muchos casos es necesario realizar un TAC para valorar con mayor precisión la complejidad de la fractura.
Estas lesiones pueden asociarse a daños en estructuras ligamentosas, como el ligamento cruzado anterior, o a lesiones meniscales. En casos más graves, también pueden existir lesiones neurovasculares, como afectación del nervio peroneo común o de la arteria poplítea.
El tratamiento depende del grado de desplazamiento, de la afectación de la superficie articular (especialmente si supera los 2 mm) y de la estabilidad de la rodilla. Puede ser conservador, mediante inmovilización, o quirúrgico en casos con desplazamiento o inestabilidad.
El tratamiento quirúrgico se adapta a cada caso, pudiendo incluir técnicas de reducción abierta con fijación mediante placas, cirugía percutánea asistida por artroscopia o sistemas de fijación externa.

Neuroma de Morton:
Se trata de una neuropatía del nervio interdigital del pie a nivel de las cabezas de los metatarsianos, producida por la compresión del nervio entre los metatarsianos y el ligamento intermetatarsal. Su localización más frecuente es entre el tercer y cuarto dedo. Es más habitual en mujeres entre los 50 y 60 años.
Entre los factores predisponentes destacan el uso de calzado estrecho o con tacón alto, así como la bipedestación prolongada y las caminatas largas.
Clínicamente se manifiesta con dolor de tipo quemante o eléctrico (parestesias) en los dedos, que suele empeorar con la marcha. El diagnóstico es clínico, basado en la exploración, siendo característico el dolor a la compresión del espacio interdigital (test de Mulder) y con la extensión de los dedos.
El tratamiento inicial es conservador, con el uso de plantillas, calzado ancho y tratamiento farmacológico. En casos persistentes pueden realizarse infiltraciones y, si no hay mejoría, se puede valorar el tratamiento quirúrgico mediante la extirpación del nervio afectado.

Esguince de tobillo:
El esguince de tobillo es una de las lesiones ligamentosas más frecuentes y constituye uno de los motivos de consulta más habituales en urgencias, representando aproximadamente el 15–20% de las lesiones deportivas. Se produce por un mecanismo de torsión del tobillo que provoca la lesión de los ligamentos, principalmente el peroneoastragalino anterior, aunque también pueden afectarse el peroneoastragalino posterior, el peroneocalcáneo y, en algunos casos, el ligamento deltoideo.
Clínicamente se presenta con dolor, inflamación y limitación del movimiento en la articulación del tobillo. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la exploración y el dolor al movilizar la articulación.
La indicación de realizar radiografías depende de la sospecha de fractura y de la aplicación de los criterios de Ottawa. El tratamiento suele ser conservador, con reposo, hielo, compresión y elevación durante las primeras 24–72 horas. Posteriormente, la rehabilitación es importante para recuperar la función y prevenir recaídas.
El tratamiento quirúrgico es poco frecuente y se reserva para casos de inestabilidad persistente.

Fractura de tobillo:
Este tipo de fracturas representan aproximadamente el 10% del total y constituyen la segunda fractura más frecuente del miembro inferior, tras las fracturas de cadera.
Suelen producirse por mecanismos de torsión del tobillo. Pueden afectar al maléolo peroneo, al maléolo tibial o al pilón tibial, y en algunos casos se asocian a lesiones ligamentosas que generan inestabilidad de la articulación.
Clínicamente, el paciente refiere un antecedente traumático, con dolor, inflamación y limitación funcional del tobillo. El diagnóstico se confirma mediante radiografía simple.
El tratamiento depende del grado de desplazamiento y de la estabilidad articular, pudiendo ser conservador mediante inmovilización o quirúrgico mediante técnicas de osteosíntesis en los casos más inestables o desplazados.


Hallux valgus (juanete):
El hallux valgus es una deformidad del antepié caracterizada por la desviación del primer metatarsiano en valgo (más de 15º) y del primer dedo en sentido contrario, lo que provoca la aparición de una prominencia ósea en la articulación metatarsofalángica, conocida como juanete. En algunos casos puede asociarse a dolor en la zona del segundo metatarsiano (metatarsalgia). Es más frecuente en mujeres y en la edad adulta.
Entre los factores predisponentes destacan el uso de calzado estrecho y con tacón, así como los antecedentes familiares, presentes en un alto porcentaje de los casos.
El paciente suele consultar por la deformidad, que puede acompañarse de dolor y dificultad para caminar. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la exploración, y se completa con una radiografía simple para valorar el estado óseo.
El tratamiento inicial es conservador, recomendando el uso de calzado amplio y cómodo. El uso de férulas no suele ser efectivo. El tratamiento quirúrgico se reserva para casos con dolor significativo o limitación funcional, y no por motivos estéticos.
Las técnicas quirúrgicas pueden realizarse mediante abordaje abierto o percutáneo, en función de cada caso y de la experiencia del cirujano.


Hallux rigidus:
Se trata de la artrosis de la articulación metatarsofalángica del primer dedo del pie, lo que provoca una limitación en la dorsiflexión del dedo gordo.
Se manifiesta con dolor al caminar, que aumenta al realizar la flexión dorsal del dedo. El diagnóstico es clínico y se confirma mediante radiografía simple.
El tratamiento inicial es conservador, recomendando el uso de calzado amplio y cómodo, pudiendo asociarse el uso de plantillas. Si no hay mejoría, se puede plantear el tratamiento quirúrgico.

Rotura del tendón de Aquiles:
La rotura del tendón de Aquiles es una lesión deportiva frecuente, que en aproximadamente el 75% de los casos se produce durante actividades que implican arrancadas bruscas. Es más habitual en pacientes jóvenes, entre los 30 y 49 años, siendo poco frecuente en personas de mayor edad, donde puede asociarse al uso de antibióticos del grupo de las quinolonas.
Clínicamente, el paciente suele describir una sensación brusca similar a una “pedrada” en la zona. Se acompaña de dolor, inflamación y una importante dificultad para realizar la flexión plantar del pie.
El diagnóstico se basa en la clínica y en la exploración física, destacando maniobras como la de Thompson. Se confirma mediante pruebas de imagen como la ecografía o la resonancia magnética.
El tratamiento suele ser quirúrgico, pudiendo realizarse mediante técnicas abiertas o percutáneas.

Tendinitis de Aquiles:
La tendinopatía aquílea es la inflamación del tendón de Aquiles, que puede localizarse a lo largo de su trayecto o en su zona de inserción. Suele estar relacionada con microtraumatismos repetidos, sobrecarga o esfuerzos excesivos.
Se manifiesta con dolor e inflamación en la región del tendón, dificultad para caminar y, en algunos casos, cojera. El diagnóstico se apoya en pruebas de imagen como la ecografía o la resonancia magnética.
El tratamiento es inicialmente conservador, basado en reposo relativo, fisioterapia y tratamiento analgésico. No se recomienda la infiltración con corticoides por el riesgo de rotura del tendón.
En casos crónicos o que no responden al tratamiento conservador, puede valorarse la opción quirúrgica.

Fascitis plantar:
La fascitis plantar es la inflamación de la fascia plantar, frecuentemente asociada a una retracción del complejo formado por los músculos gemelo, sóleo y el tendón de Aquiles. Es una patología muy común y a menudo de evolución prolongada.
Se caracteriza por dolor en la planta del pie, especialmente en los primeros pasos al levantarse por la mañana, que suele mejorar con la actividad y el calentamiento. El diagnóstico es clínico, basado en la exploración con dolor a la palpación de la fascia. En la radiografía puede observarse o no un espolón calcáneo, y la ecografía permite confirmar el diagnóstico.
Es importante realizar diagnóstico diferencial con otras entidades, como la neuropatía de Baxter, la bursitis subcalcánea o la atrofia de la almohadilla grasa.
El tratamiento es principalmente conservador, basado en estiramientos específicos y fisioterapia. También pueden emplearse ondas de choque e infiltraciones en casos seleccionados. La cirugía se reserva como última opción, con resultados variables.

Metatarsalgia:
La metatarsalgia es el dolor localizado en la zona de apoyo de los metatarsianos, siendo más frecuente en los radios centrales, especialmente en el segundo y tercer dedo, aunque también puede afectar al primero.
Se produce por un exceso de carga sobre la cabeza de los metatarsianos, lo que provoca dolor al apoyar el pie y la aparición de callosidades en la parte anterior de la planta.
El diagnóstico es clínico, basado en la exploración con dolor a la palpación y la presencia de hiperqueratosis plantar. Se completa con una radiografía simple para valorar la fórmula metatarsal.
El tratamiento inicial es conservador, orientado a mejorar la distribución de cargas en el pie mediante el uso de plantillas de descarga y calzado adecuado. Si no hay mejoría, puede plantearse el tratamiento quirúrgico para corregir la alteración de la fórmula metatarsal.

Dedo en garra, en maza y martillo:
Son deformidades de los dedos del pie que con frecuencia se asocian a alteraciones del antepié, como el hallux valgus. Afectan principalmente al segundo y tercer dedo. Entre los factores predisponentes destacan el uso de calzado inadecuado (estrecho o con tacón) y algunas enfermedades reumáticas.
Clínicamente se manifiestan con dolor en los dedos, deformidad visible, aparición de callosidades y, en algunos casos, subluxaciones articulares.
Existen diferentes tipos de deformidad:
- Dedo en martillo: flexión de la articulación interfalángica proximal con hiperextensión de la distal; es la forma más frecuente.
- Dedo en garra: flexión tanto de la articulación interfalángica proximal como de la distal.
- Dedo en mazo: hiperextensión de la articulación interfalángica proximal y flexión de la distal.
El tratamiento puede ser conservador, mediante el uso de calzado amplio y plantillas, o quirúrgico en los casos en los que la deformidad es dolorosa o limita la función.


